
Desde hace 3 temporadas un nuevo 'derbi' entre equipos españoles comenzó a forjarse. Sevilla y Atlético convirtieron a partir de 2006 sus encuentros en partidos de una rivalidad extrema. Todo comenzó en la campaña 05/06 en un Atlético-Sevilla disputado en el Vicente Calderón, en el cual le fueron pitados dos penaltis en contra al Atlético en la primera mitad. Sendas penas máximas fueron marradas por Kanouté y Saviola, o más bien atajadas por Leo Franco en una actuación memorable a nivel individual. El Atleti se marchó camino de los vestuarios con la sensación de haber perdido una oportunidad de oro para adelantarse en el marcador y el equipo de Nervión se marcha con sabor amargo por haber desechado dos penas máximas (dudosas).
Comienza la segunda mitad con el equipo local como dominador del partido, teniendo ocasiones para lograr ventaja en el tanteador. Sin embargo, una acción puntual desata la polémica: el árbitro expulsa a Luccin a causa de una extraordinaria interpretación teatral de Daniel Alves, que me desespera a mí y a toda la parroquia atlética, la cual comienza a perder la paciencia con el árbitro y con algunos jugadores sevillistas. Espoleado por la afición, el Atleti comienza a desarrollar un juego muy duro al que el Sevilla responde con un gol en presunto fuera de juego de Antonio Puerta. Los objetos empiezan a caer en cantidades industriales sobre el césped del estadio. El árbitro tiene miedo. Recoge una botella de whiskey del suelo y para el partido. En la reanudación, el colegiado expulsa a dos futbolistas más del Atleti y los pocos aficionados que aún permanecen en el estadio ya no pueden más. Aúnan una desmesurada ira contra el equipo de la capital andaluza y sólo cabe un pensamiento en sus cabezas, la venganza. En esos momentos un nuevo derbi se forjaba en las entrañas del Vicente Calderón.







